FOTOGRAFIANDO AL MARTÍN PESCADOR por Mariano Fernández

Vaya por delante, que el Martín pescador (Alcedo atthis) actualmente es una especie protegida. Desde el año 2021 está incluida en el Libro Rojo de las Aves de España, publicado por SEO/BirdLife, con la categoría de "En peligro". Por lo tanto, no se le puede fotografiar sin un permiso especial de la Consejería de Medio Ambiente de la administración competente.

Antes del boom de la inteligencia artificial, la fotografía era un arte que requería ciertas habilidades, además de un equipo adecuado. La fotografía de fauna silvestre exige el conocimiento del entorno, del clima, del comportamiento de las especies a fotografiar, de las normas medioambientales, del equipo fotográfico, de la técnica y sobre todo, disponer de una gran dosis de paciencia y determinación.

Para poder estar lo suficientemente cerca de un animal en libertad, que normalmente huye del ser humano, el animal no tiene que sospechar que estás allí. Hay que esconderse, habitualmente en un "hide", tal y como la palabra indica. Si el animal se encuentra continuamente en las proximidades del lugar del escondite, la instalación debe de realizarse antes del amanecer para evitar ahuyentarlo y, si después de la sesión fotográfica permanece allí, debemos de quedarnos en el escondite hasta que anochezca.

Si el animal merodea por una zona bastante amplia, tenemos que conocer sus lugares de preferencia y sus posaderos, elegir uno de ellos y esconderse cuando el animal no esté presente. Después, hay que permanecer escondido en silencio largas horas, haga frío o calor, y confiar en la divina providencia para que el espécimen acuda al lugar. Si tenemos éxito, después de las fotos hay que esperar hasta que se marche.
Hace unos años estuve con mi amigo Hugo Estévez fotografiando al Martín pescador. Hubo que buscar una zona del río donde previamente se había observado al ave. Posteriormente, se instaló un "hide" junto a un remanso de baja profundidad, donde podían nadar tranquilamente los pececillos sin que se los llevase la corriente. Se colocaron un palo y una enea clavados en el agua, junto al remanso.




La vegetación de detrás estaba lo suficientemente lejos para poder desenfocarla, abriendo generosamente el diafragma, con la intención de conseguir un fondo lo más uniforme posible que resaltara al pajarito. Un zoom potente (500 mm), el "hide" a la distancia mínima de enfoque y mucha paciencia, junto a un poco de experiencia, son el resto de los ingredientes. Hay que tener en cuenta que dos personas, cada una con su equipo, encerradas en un espacio tan reducido, con una temperatura cercana a los 40ºC, requieren una voluntad inquebrantable. Al menos, hasta que se produce el milagro y por fin llega la preciosa ave. En este mágico momento, se olvidan todos los males.




Evidentemente, hay que intentar no molestar en absoluto al sujeto. Si el ave acude voluntariamente al posadero y se posa a dos metros tuyos, es porque está a gusto en su nueva atalaya y no sospecha que estás allí escondido.

En otra ocasión, acompañado de mi amigo Félix Gil, nos instalamos junto a una charca que ya estaba a punto de secarse y donde se habían concentrado todos los pececillos en la poca agua que quedaba. Tuvimos que llegar al lugar antes del amanecer, ya que debido a la concentración de pececillos en un espacio tan reducido, implicaba que siempre hubiera algún ave merodeando por los alrededores. La técnica y la disposición fue muy similar a la anterior sesión. El martín llegó un poco antes del alba y hubo que esperar para poder hacer las fotografías. El resultado fue espectacular por el increíble ambiente que producía la luz dorada y por el reflejo del sol naciente en el ojo del ave.







Las fotografías mostradas aquí están realizadas hace más de diez años, antes de que la especie fuese incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) en España, y habiendo obtenido la autorización correspondiente.


Autorización correspondiente al año 2011

Mariano Fernández.


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